Como cada domingo ayer fue un día cargado de fútbol. Como cada domingo la masa social española se encontraba ante la televisión o en el propio campo de juego para poder disfrutar con sus equipos favoritos. Como cada domingo los bares y cafeterías estaban llenas de gente gritando, insultando, abucheando, maldiciendo... Y todo por el fútbol, el deporte rey en nuestro país. Desde que los romanos disfrutaran de los espectáculos de bestias y gladiadores en aquellos maravillosos anfiteatros, no hemos dejado de presenciar juegos en los que prima la violencia y afloran los instintos más primitivos del ser humano. Y es que el fútbol fomenta estos sentimientos y provoca en algunas ocasiones graves lesiones en esta sociedad dominada por unos pocos. Y digo dominada por algunos porque nadie se da cuenta que el fútbol está creado -tal y como lo conocemos, con toda su carga económica y televisiva- por los políticos que se valen de ello para desviar la atención de temas de muchísima más trascendencia para todos que una pelota rodando por un ridículo campo de césped. Las diferentes cadenas nacionales se empeñan en llenar sus espacios dedicados al deporte prácticamente en su totalidad con el fútbol y los programas especiales copan las horas de máxima audiencia la noche de los domingos en las televisiones que pueden retrasmitir los partidos. El lunes, el día de la resaca futbolística, se sigue discutiendo de este deporte en el trabajo, en el supermercado, en el colegio... Y ni siquiera esta costumbre cambia a lo largo de la semana donde la liga da paso a la champions, la uefa o la copa del rey. Y mientras nuestros políticos y los del resto del mundo se reúnen para decidir el destino del mundo a su antojo, sin importarles la opinión de aquella masa social que disfrutaba de su equipo en el bar de la esquina una tarde de domingo.
Puede ser que ya esté un poco viejo para soportar todo este desenfreno virtual y sea ya un poco tarde para pretender crear algo en esta red de redes. Puede o puede que no. El caso es que aquí estoy dejándome llevar por la corriente de este mar desenfrenado mientras intento agarrar un madero en forma de blog, lejos de aquel con forma femenina que la mayoría de los hombres se empeñan en aferrar junto a su cuerpo. Yo no pretendo provocar erecciones; lo siento por todos aquellos que busquen en google alguna palabra o algún nombre y se den de bruces con este blog. Tampoco intento que alguien se interese por mis textos y sean admiradores que se apresuren a contestar. Solamente pretendo expulsar de mi cerebro cierta tensión acumulada y poder así tener esa sensación de alivio después de una buena cagada justo cuando acabas de disfrutar de un enorme chuletón de buey. Así soy yo y al que no le guste que no mire. Además siempre he preferido la intimidad y un buen libro mientras estoy en el aseo. Gracias de todas formas, pero no necesito a nadie más que a mi mismo para poder cagar.