Como cada domingo ayer fue un día cargado de fútbol. Como cada domingo la masa social española se encontraba ante la televisión o en el propio campo de juego para poder disfrutar con sus equipos favoritos. Como cada domingo los bares y cafeterías estaban llenas de gente gritando, insultando, abucheando, maldiciendo... Y todo por el fútbol, el deporte rey en nuestro país. Desde que los romanos disfrutaran de los espectáculos de bestias y gladiadores en aquellos maravillosos anfiteatros, no hemos dejado de presenciar juegos en los que prima la violencia y afloran los instintos más primitivos del ser humano. Y es que el fútbol fomenta estos sentimientos y provoca en algunas ocasiones graves lesiones en esta sociedad dominada por unos pocos. Y digo dominada por algunos porque nadie se da cuenta que el fútbol está creado -tal y como lo conocemos, con toda su carga económica y televisiva- por los políticos que se valen de ello para desviar la atención de temas de muchísima más trascendencia para todos que una pelota rodando por un ridículo campo de césped. Las diferentes cadenas nacionales se empeñan en llenar sus espacios dedicados al deporte prácticamente en su totalidad con el fútbol y los programas especiales copan las horas de máxima audiencia la noche de los domingos en las televisiones que pueden retrasmitir los partidos. El lunes, el día de la resaca futbolística, se sigue discutiendo de este deporte en el trabajo, en el supermercado, en el colegio... Y ni siquiera esta costumbre cambia a lo largo de la semana donde la liga da paso a la champions, la uefa o la copa del rey. Y mientras nuestros políticos y los del resto del mundo se reúnen para decidir el destino del mundo a su antojo, sin importarles la opinión de aquella masa social que disfrutaba de su equipo en el bar de la esquina una tarde de domingo.